Durante la década de 1990, Omega renovó profundamente la identidad del Seamaster y dio forma a una estética que terminaría convirtiéndose en una de las más reconocibles de la manufactura.
Este Omega Seamaster Professional 300M pertenece precisamente a aquella generación.
Su caja de acero de aproximadamente 36 mm ofrece una interpretación más compacta del clásico Seamaster Professional, manteniendo prácticamente todos los elementos que definieron a la colección: bisel giratorio azul, corona roscada, válvula de escape de helio a las 10 horas, brazalete de acero y una esfera inmediatamente reconocible por su patrón de ondas.
Sobre el fondo azul encontramos grandes índices circulares y rectangulares, agujas esqueletizadas y una ventana de fecha a las 3 horas. En este ejemplar, parte del material luminiscente ha desarrollado con los años una tonalidad cálida, aportando un atractivo contraste con el azul profundo de la esfera y reforzando su carácter neo-vintage.
En el interior trabaja el Omega calibre 1538, un movimiento de cuarzo suizo con indicación de fecha utilizado por Omega en esta generación del Seamaster Professional. Está documentado como un calibre de 6 rubíes y fue empleado tanto en versiones Mid-Size como en otros Seamaster de cuarzo de la época.
Su fondo de acero recupera nuevamente el motivo de ondas y el tradicional hipocampo Seamaster, uno de los emblemas históricos de la colección.
Originalmente concebido como un verdadero reloj de buceo profesional, el modelo incorporaba cristal de zafiro, bisel unidireccional, corona roscada, válvula de escape de helio y una hermeticidad declarada por Omega de 300 metros / 1.000 pies, cifra que también aparece indicada sobre su propia esfera.
Hoy, varias décadas después, esta generación comienza a ocupar un lugar especialmente interesante dentro del coleccionismo: suficientemente moderna para utilizarse con facilidad, pero con una identidad estética inequívocamente ligada a los años 90.
Un Seamaster que ayudó a definir la imagen moderna del reloj deportivo de Omega.
Porque representa un punto muy interesante en la historia moderna de Omega.
El Seamaster Professional 300M consolidó durante los años 90 muchos de los elementos que todavía asociamos inmediatamente con la colección: esfera de ondas, bisel de buceo, válvula de helio, agujas esqueletizadas y brazalete de múltiples eslabones.
El material luminiscente y el contraste cálido sobre la esfera azul le entrega una identidad que un ejemplar nuevo simplemente no puede reproducir.
Para quien busca un Omega deportivo de los años 90 con dimensiones más contenidas que las habituales actualmente.
Sus aproximadamente 36 mm hacen que sea una alternativa especialmente versátil, mientras que la esfera de ondas, el bisel azul, la válvula de helio y el característico brazalete conservan intacta la identidad visual del Seamaster Professional 300M.
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